videojugeosCientíficos del Max Planck Institute en Berlin investigan cómo pueden los videojuegos afectar el cerebro.

Para poder determinar esto pidieron a un grupo jugar "Súper Mario 64®", 30 minutos al día por dos meses, y otro (el grupo control) no jugaron videojuegos. También se cuantifico el volumen cerebral por resonancia magnética. En comparación con el grupo de control, el grupo que jugó videojuegos mostro un aumento de materia gris (donde se encuentran los cuerpos celulares de las neuronas). Además se encontraron efectos de plasticidad en el hipocampo derecho, corteza prefrontal derecha y cerebelo. Estas regiones del cerebro están involucradas en funciones como la navegación espacial, formación de memoria, planificación estratégica y habilidades motoras finas de las manos; incluso estos cambios fueron más pronunciados en las personas que tenían mayores deseos de jugar.

Estudios previos han mostrado diferencias en la estructura del cerebro de los videojugadores, sin embargo, en este estudio se pretende demostrar la relación causal directa entre videojuegos y un aumento del volumen cerebral. En el estudio se puede demostrar que ciertas regiones específicas del cerebro pueden ser entrenadas por medio de videojuegos, explica Simone Kühn (Centro para la Psicología de Vida en el Instituto Max Planck). Además asume que los videojuegos podrían ser terapéuticamente útiles para pacientes con trastornos mentales cuando hay alteraciones en las zonas cerebrales mencionadas, o si están reducidas de tamaño, como por ejemplo en esquizofrenia, estrés postraumático o enfermedades neurodegenerativas, como la demencia tipo Alzheimer.

El psiquiatra Jürgen Gallinat (coautor del estudio) explica que muchos pacientes aceptarán los videojuegos como terapia más fácilmente que otras intervenciones médicas.

Luego de este estudio, están previstos otros estudios para investigar los efectos de los videojuegos en los pacientes con problemas de salud mental, por ejemplo se está llevando a cabo un estudio sobre uso de los videojuegos en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático.

Estudio completo en inglés, disponible AQUÍ.

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